El cuerpo virtual y las galerías de realidad aumentada

//El cuerpo virtual y las galerías de realidad aumentada

Publicado originalmente en el Centro de Cultura Digital (CCD)

Centro de Cultura Digital (CCD): ¿Cómo nació ANTIMATERIA?

Doreen A. Ríos (DR): ANTIMATERIA nació como un proyecto meramente informativo a finales del 2015, cuando estudiaba un diplomado en prácticas artísticas. Buscaba integrar constantemente mi interés por el arte digital en mis tareas y trabajos. Sin embargo, me parecía muy complicado encontrar información local y, a pesar de que conocía un par de libros relacionados con el tema (específicamente Ready-media de Karla Jasso y Daniel Garza Usabiaga y Arte Digital en México de Adriana Zapatel) me parecía que no había suficiente información condensada, sobre todo en cuanto a producción contemporánea. Por lo anterior, decidí que si no había un espacio de tal naturaleza lo más lógico era crearlo y así nació ANTIMATERIA. Posteriormente el proyecto mutó de ser un espacio informativo a un espacio de exposición, no sólo porque al conocer a varios artistas locales me di cuenta de que un espacio informativo no era suficiente, sino porque la plataforma digital ofrecía la posibilidad de crear muchas más capas que además de informar, generarán interés, intercambios y, con un poco de suerte, nuevos públicos.

Vista de exposición de White into Green, las piezas que se ven son de Salvador Loza y Jonathan Zawada. Fotografía de Doreen A. Ríos

CCD: ¿Cómo fue el tránsito de la arquitectura a los nuevos medios, la realidad virtual y las galerías de arte? ¿La arquitectura especulativa tuvo algo que ver?

DR: Sí, completamente. Aunque si me voy aún todavía más atrás, en realidad toda esta historia comienza desde antes de empezar mis estudios en arquitectura. Previo a decidirme por esta área de creación, tenía la intención de estudiar cinematografía y, por una cosa o por otra, decidí darle una oportunidad a la arquitectura. Sin embargo, desde el inicio sabía que no me interesaba el área tradicional de la construcción y los despachos, sino más bien las prácticas tangenciales que surgían desde la arquitectura. Más avanzada en mis estudios, conocí a Diego Ortega, quien estudiaba Animación y Arte Digital, y juntos empezamos a experimentar con el videomapping. Esto me hacía mucho sentido tanto con mi formación como con mis intereses en los medios audiovisuales y la narrativa. Poco a poco, al adentrarme en el mundo de la pintura con luz y la animación, me enganché con la creación de espacios virtuales. Una vez más, sabía que no me interesaba el área tradicional del software como herramienta obvia para la construcción, sino sus posibilidades creativas. Así empecé a investigar y leer acerca de los artistas que utilizaban software arquitectónico para la producción de su obra, de la mano con ambientes interactivos producidos desde el videomapping, me vi inmersa en un mundo del que ya no hubo retorno. De igual forma, y previo a mis exploraciones más formales en el área, siempre fui muy fan de ir a museos y buscar entender cómo la distribución y diseño del espacio enfatizaba ciertos aspectos de la obra expuesta. Con esto en mente, y teniendo muy claro que a mi personalmente no me interesaba la producción sino la curaduría e investigación, tomé un tópico de Museografía que formaba parte de la tira de materias opcionales y así definí que justo eso era a lo que quería dedicarme. Por otro lado, y regresando a la arquitectura especulativa, desde que empezaba a aprender de teorías, movimientos y estéticas arquitectónicas, eran justo las teorías que tenían una conexión con el futuro, lo utópico/distópico y la exploración creativa, las que más me interesaron: principalmente el Metabolismo japonés de Kenzo Tange  y la Arquitectura utópica de Archigram.

CCD: ¿Cuáles son las principales complejidades de ser un curador independiente de nuevos medios?

DR: Quizá lo que he encontrado más difícil es que no hay un camino trazado y las instituciones especializadas en estas temáticas siguen siendo limitadas y las prácticas siguen creciendo exponencialmente. Por otra parte, me parece un obstáculo el hecho de que muchos textos cruciales para entender estas prácticas no se encuentran disponibles en español,  esto tiende a poner freno algunos acercamientos curatoriales basados en el público. Sin embargo, también me parece que es un espacio reciente para pensarse desde un nicho específico en la curaduría por lo que apenas empiezan a cimentarse las bases enlazadas a los textos, prácticas y teorías de curadoras como Beryl Graham, Sarah Cook y Christiane Paul, quienes desde hace un par de décadas abrieron las puertas a la especialización de la curaduría de nuevos medios. Aunque me gustaría decir que estas complejidades también incluyen áreas de oportunidad pues en mi experiencia, aunque el camino ha sido difícil, también ha estado lleno de gratas sorpresas.

My Wall is Your Filter Bubble -AND Festival 2017, Foto tomada por Chris Foster 

CCD: Las nuevas tecnologías han forzado a repensar el museo de formas impensables hace 40 años, ¿cuáles son los retos tanto educativos como artísticos que proponen las nuevas tecnologías en esta idea de repensar el museo?

DR: En mi opinión, lo más difícil es ser capaces de generar un pensamiento crítico en torno al uso de los dispositivos digitales: desde sus ecologías y políticas hasta sus limitaciones. Es muy complejo entender, por ejemplo, las implicaciones del uso de internet y a la vez sacar el mayor beneficio del mismo. Tan solo por mencionar una tecnología que ya no es para nada nueva pero que sigue generando líneas de pensamiento. Por otra parte, a mi me parece crucial establecer un diálogo cercano en torno al uso de estos dispositivos digitales a través de las prácticas artísticas, pues es donde yo he encontrado una interesante puerta de acceso para el pensamiento de conceptos como el cuerpo digital, las sociedades en líneas y la ciudadanía digital.Pienso que la educación es clave para empoderar al usuario de internet y de dispositivos digitales y fomentar un pensamiento transversal que no propicie ni la tecnoutopía ni la tecnofobia.

CCD: ¿Qué conclusión sacaste sobre la manera con la que el cuerpo se presenta en las nuevas tecnologías a partir de tu exhibición en The Wrong Empty Vessels, Vulnerable Bodies?

DR: Conclusiones hay muchas, tuve la fortuna de tener una selección de piezas que muestran múltiples visiones sobre cómo opera el cuerpo digital. Sin embargo, una de las que más me interesa explorar a fondo es la idea del cuerpo físico como un contenedor y la del cuerpo digital como una experiencia extracorpórea. Este pensamiento, no sólo reconecta con conceptos como la espiritualidad y el entendimiento del alma, sino también con teorías del yo como aquella propuesta por Foucault dentro de sus ensayos acerca de las tecnologías del ser. Me interesa pensar el cuerpo como un contenedor porque da pie a un pensamiento holístico acerca de lo que somos y con esto es posible retar conceptos como el género, la raza y las características físicas. Si bien, esto en general, pareciera acercarse a la promesa del internet temprano, en realidad me parece que pone en tela de juicio muchos preceptos y problemáticas que han salido de espacios virtuales.

Doreen A. Ríos.

 

By | 2018-04-22T05:11:26+00:00 abril 22nd, 2018|Blog|0 Comments