Los Pendientes de la Curiosidad, de Grace Quintanilla

//Los Pendientes de la Curiosidad, de Grace Quintanilla

Muchas personas me comentan que con los teléfonos inteligentes nos hemos vuelto flojos, que hemos dejado atrás la buena práctica de memorizar números telefónicos, direcciones, nombres, fechas  y demás información importante que además de ejercitar nuestra cognición, nos permitía reconocernos como seres inteligentes, tal como lo hacían los antiguos griegos antes de que el papel existiera; entonces, la memoria era el papel y la voz el dispositivo.

Cuando necesito regresar a una entrada en un blog que está escrito en el formato antiguo, renuncio después de dos minutos de hacer scroll.  Cansa tratar de recordar en qué fecha lo consulté anteriormente, excavar pistas que me den un acceso más rápido al texto: en qué situación lo descubrí, a propósito de qué búsqueda anterior llegué, recordar alguna imagen que me remita al contenido textual, evocar alguna cita o comentario notable. En fin, la búsqueda en blogs muy nutridos se vuelve tediosa y es común que desista porque demanda gran trabajo de memoria. Me doy cuenta de que al leer en digital, sin la posibilidad de delinear, doblar la esquina de la página, anotar al margen, subrayar con distintos colores según el tipo de información, pegar postits o etiquetar pegando calcomanías de colores en forma de flechita, me veo obligada a generar nuevas técnicas de memorización.

Mis amigos hablan de este fenómeno con resignación pues se reconocen dependientes de los dispositivos electrónicos para recordar. De alguna manera, sienten que pierden autonomía.

Sin embargo, creo que esa angustia es predigital, los humanos hemos construido herramientas mnemónicas desde siempre. Recuerdo una de las miles y deliciosas pláticas con Jesús Ramírez-Bermúdez hace unas semanas, mientras me contaba de un libro que escribía. Para captar mi atención me mostró una imagen que parece el iris de un ojo dibujado con palabras. En realidad es un mapa: la rueda de la memoria que la autora inglesa Frances Yates en su libro El Arte de la Memoria, reconstruyó a partir de la descripción que aparece en el libro De Umbris Idearium, el primer trabajo sobre mnemotecnia de Giordano Bruno, que fue publicado en París en 1582.

By | 2018-04-19T08:12:11+00:00 noviembre 14th, 2017|Blog|0 Comments