Medios y gobernanza: entre lo material y lo inmaterial

//Medios y gobernanza: entre lo material y lo inmaterial

La importancia atribuida a los medios de comunicación como mediadores de conflictos, detonadores de violencia, instigadores de odio, tergiversadores de la realidad, normalizadores de estatus o estados de cosas, e incluso, espacios para la organización de movimientos ciudadanos, es desde hace décadas hito de discusión para comunicadores, sociólogos y humanistas, principalmente. Algunos profesionales de la comunicación ven a los medios como objetos cerrados cuyas características están dadas, y es mediante la observación y el análisis que es posible entenderlos, para, en consecuencia, poder teorizarlos y construir mensajes eficaces y eficientes. Además, piensan que reducir la brecha digital disminuirá por sí misma los márgenes de desigualdad, que todos aquellos que estén comunicados entrarán en un entorno de conocimiento que a mediano plazo desvanecerá la distancia entre los pobres y los ricos; que terminará con la injusticia social y los grandes problemas de la humanidad.

Una de las teorías más conocidas en las universidades donde se educa a comunicadores, es la teoría de la información de Claude Shannon y Norbert Wiener. Wiener fue matemático y filósofo, alumno de Bertrand Russell, interesado en el movimiento browniano, considerado el fundador de la cibernética, entendía ésta como control y comunicación en animales y máquinas (Wikipedia). En tanto, Shannon, matemático, ingeniero eléctrico y criptógrafo, interesado en el álgebra booleana y la programación. No obstante, esta teoría ha sido duramente criticada, debido a que valora la actividad comunicativa como la emisión y recepción de inputs electromagnéticos; sin tomar en cuenta los contextos o circunstancias emocionales, ideológicas o sociales de los sujetos que se comunican, así como el contexto en el que se comunican.

El estudio de los medios se ha basado, principalmente, en conocer la relación de la inscripción de la información en los soportes –sean estos el libro, la radio, la televisión, o bien la Internet– con los hábitos, modos de pensar y actuar de quienes se relacionan con los dispositivos. Un ejemplo es que durante mucho tiempo la televisión ha sido considerada la responsable del poco desarrollo crítico de la población, por lo menos es así en el caso de los mexicanos, así como de la estandarización cultural reflejada en la construcción del amor, el éxito, la masculinidad, la feminidad, la política, la democracia, etcétera. Así, los estudios se han centrado en medir los tiempos de exposición, analizar las narrativas y los contenido desde distintas teorías, medir el raiting aplicar estadísticas para conocer la percepción de los receptores y otros métodos que buscan “entender” al medio y sus efectos.

En este contexto, y situando nuestra visión en lo que ha sido llamado Tecnologías de la Información, que no es otra cosa que el uso de distintos dispositivos conectados a Internet en un ambiente de gestión de datos propio de este espacio, ¿podríamos decir que las tecnologías de comunicación definen o han definido la forma de gobierno? En La hipótesis cibernética el colectivo Tiqqun elabora una crítica a la cibernética como forma de gobierno; toda vez que los flujos de información, la coordinación de los mismos y las decisiones que llevan a cabo los individuos de manera “espontánea”, responden a una tecnología de poder. Es así que la gobernanza cibernética determina las prácticas culturales de los individuos, gestiona lo vivo.

¿Qué significado tiene esto? Agamben, prologando a Tiqqun, retoma la teoría foucaultiana sobre el poder. Reconsidera que si bien el poder siempre ha circulado a través de los dispositivos – sean estos jurídicos, lingüísticos, materiales, etcétera -, desde la perspectiva Tiqquniana, el poder no es una entidad superior ni soberana respecto de la sociedad civil y la vida, sino que ésta coincide desde dentro y completamente con la sociedad y la vida (Agamben en Tiqqun, 2025: 25). Es decir, no es posible estudiar a los sujetos al margen de los dispositivos, y el poder no se ejerce sobre estos, sino con ellos. Para discutir esto, y entender la diferencia de los abordajes clásicos de la comunicación sobre el estudio de medios y una propuesta distinta, viene bien regresar sobre las ideas de “tecnología” y “técnicas culturales”.

Jussi Parikka considera que las técnicas culturales introducen su propia dimensión material al análisis específico de los medios de la cultura. Propone estudiarlas desde una perspectiva post fordista y las exploraciones del post humanismo. Ello significa que los llamados nuevos medios hacen énfasis en los tipos de consumidor y no en las clases sociales, como venía ocurriendo en los anteriores estudios de medios. Desde esta postura, una técnica cultural deriva en la materialidad que da como resultado la conciencia; sin embargo, dicha materialidad es independiente de la conciencia y una posibilidad de la misma.

Parikka repasa a través de distintos autores el hecho de que las técnicas culturales enseñan al cuerpo a comportarse y a percibir; además de la relación que existe entre lo humano y lo no humano. Más allá de querer definir qué es una técnica cultural, se esmera en explorar los alcances de este término, dada su cualidad de definir la materialidad que a su vez moldea la conciencia. Llama la atención sobre la postura alemana en el estudio de medios, la cual llega al punto de reconsiderar qué es aquello que entendemos por medio y cuál su área de estudio.

El análisis de Parikka también examina la postura de Ellul Jacques, quien problematiza la relación entre el capitalismo, las técnicas y las tecnologías; siendo que las técnicas aspiran necesariamente a convertirse en máquinas, y las máquinas son sintomáticas: representan el ideal hacia el que la técnica pugna. Un factor técnico deriva, casi de manera inevitable en la mecanización (Ellul en Parikka, 2013).  Es importante notar que técnica y máquina no son una misma cosa, sino que no se combinan a pesar de su interacción. De este modo, la técnica no sólo compete a las habilidades manuales, sino también a las intelectuales. Para Ellul, la tecnología ha construido sus propias esferas autónomas de acción y expectativa, mismas que están en paralelo con las nuevas técnicas.

Parikka abunda en que estas reflexiones han llevado a algunos teóricos a repensar las materialidades que requieren reconsiderar cuál es esa realidad independiente a los humanos. Destaca que las prácticas culturales están constituidas a partir del pensamiento matemático. Es decir, cómo es que la materialidad de los medios puede incidir en la construcción de las realidades.

Parikka tiene interés en hablar sobre la materialización del discurso, de lo textual, de las prácticas sociales y de la finitud humana en relación con los agentes no humanos. En este sentido, la materialidad del mundo a partir de los medios que se relacionan con las operaciones estéticas y ontológicas del mundo, necesarias para la producción de sentido en cualquier cultura (Parikka: 2013). Apunta que los alemanes no entienden a la escritura de manera exclusiva a la significación y la práctica semántica, sino como algo totalmente distinto que podemos encontrar relacionado actualmente con las cultural computacionales. ¿Pero, cómo estudiar los medios al margen del análisis semántico?

Las historias de conocimiento, ciencia y medios son entendidas como sistemas de conocimiento complejos espacio-temporales, no como un texto que debe ser leído y deconstruido semióticamente. Las técnicas culturales son completamente materiales, entenderlas requiere poner atención a todo desde las características de su superficie de inscripción (Parikka: 2013). Parikka considera que las tecnologías para el reconocimiento de gestos, por ejemplo, además de formar parte del mecanismo de vigilancia digital, también implican un nuevo modo de inscripción.

Al respecto, Gilbert Simondon ha discutido la idea de mentalidad técnica, entendida como un modo de descubrimiento que utiliza la transferencia analógica y el paradigma. Según Simondon, la mentalidad técnica ha dado dos esquemas de inteligibilidad dotados de un latente poder de universalidad; estos son: el mecanismo cartesiano y la cibernética. Esta inteligibilidad mecaniza un ideal y de manera análoga todos los modos de realidad posibles en este esquema. Subraya que en esta cadena de razonamiento hay una transferencia sin pérdidas, es decir, cada eslabón de la cadena está vinculado con el anterior, y el primero y el último también lo están. Sin embargo, cada eslabón es relativamente separable del todo, sin que sea posible entenderlo al margen de la cadena completa. Subraya el caso de la cibernética, la cual está anidada en las matemáticas y su tendencia es la regulación automática de los aparatos, y no se refiere a un aparato como un dispositivo tecnológico; sino a todos aquellos ámbitos que busca regular la cibernética.

Según Simondon, la mentalidad técnica es perfecta en cuanto a sus esquemas cognitivos, no así en los afectivos, los cuales, indica, aún se encuentran en desarrollo. Para ilustrarlo utiliza la figura del artesano, cuya fuerza e información para dar forma a un objeto, así como para manipularlo provienen de éste. No obstante, la industrialización separa la fuente de información y la fuente de energía, por lo que el humano se convierte en fuente de información, y la naturaleza en la fuente de energía. De este modo, la fuerza se vuelve infinita, y los inputs de información se dan en distintos momentos: primero en la invención de la máquina (a  veces puede implicar información de distinto seres humanos), la segunda en la construcción de la máquina, y la tercera y la cuarta en el aprendizaje para trabajar con la máquina y en el uso de ésta. Sin embargo, ninguno de los cuatro momentos de entrada de información está vinculado de manera orgánica, ni balanceado para los otros (Simondon, 1999).

A ello, Simondón suma las normas de acción voluntaria, indicando que la especialización, o fragmentación, según el aporte de información a las máquinas se pueden elaborar códigos de valor que se universalicen. La estandarización de los subconjuntos, la posibilidad industrial de producir piezas separadas que sean todas iguales permite la creación de redes (Simondon, 1999).

Así, ¿cuál es la relación de las fuerzas del capitalismo contemporáneo con las capacidades afectivas y cognitivas, cuáles es el papel de los medios en ello, y es esta fuerza ajeno al sujeto?

Partiendo de la idea de la mentalidad técnica, inteligibilidad bajo la cual son estructuradas o modeladas las realidades con las cuales nos relacionamos con el mundo, pero que, sin embargo, en el análisis de Parikka, estos esquemas cognitivos, matematizados, nos llevan a la construcción de máquinas, y dan forma a técnicas culturales que materializan los soportes de inscripción en los que queda “grabada” la cultura. De modo que la técnica responde a una estructura del mundo, no necesariamente al dispositivo u objeto tecnológico, sino a la maquinación, construcción, aprendizaje y uso del mismo. De esta manera, ¿cómo pensar en una técnica no capitalista? ¿A dónde podría llevarnos un estudio de medios alejado del análisis semiótico? ¿Dada la cibernética y nuestra relación con ésta, es posible romper estas cadenas cognitivas hacia nuevas técnicas culturales que problematicen de un modo distinto los medios? Parikka, por su cuenta, tiene propuestas como la arqueología de medios o el insectmedia. Promueve la idea de un nuevo materialismo, presente en la manera en que los medios transmiten y procesan la cultura, no a un nivel de significación, sino material.  La acción, la política, la significación y la no significación están incrustados en los cuerpos humanos y animales, además de en cuestiones efímeras que no por ello dejan de ser reales.  Dichas cuestiones se presentan en forma de ondas electromagnéticas y energías de luz donde el poder también está incrustado (Parikka , 2012)

“Hence, I propose a multiplicity of materialisms, and the task of new materialism is to address how to think materialisms in a multiplicity in such a methodological way that enables a grounded analysis of contemporary culture. Such methodologies and vocabularies need to be able to talk not only of objects, but also as much about non- solids and the procesual -the weird materiality inherent in the mode of abstraction of technical media- so we can understand what might be the specificity of this brand of materialism that we encounter (but do not always perceive) in contemporary media culture.” (Parikka, 2012)

Parikka propone que además de acercarnos genealógicamente a los medios, también se habrá la máquina física y metodológicamente, permitiendo estudiar al medio no sólo desde su método de significación, sino al nivel de su dirty matter.

¿Un estudio de medios distinto nos permitiría un ‘contra-ataque’ a los daños que han causado los medios, según se los hemos atribuido? ¿Cómo definiríamos a partir del análisis de Parikka a un medio, y podríamos reconstruir la relación que tenemos con este?

Tiqqun cita a la Internacional Situacional, y refiriéndose a la cibernética y su poder de control:

“Si el control de estos nuevos medios no es totalmente revolucionario, podemos vernos llevados al ideal policial de una sociedad de abejas.”

Al respecto el colectivo, anota que la revolución debería consistir en una reapropiación de las herramientas tecnológicas más modernas, para así poder responder a la policía en su propio terreno, y crear así un contra-mundo, con los mismo medios que ella emplea (Tiqqun, 2015). Este contra-mundo, es posible según el Colectivo a partir del entendimiento de la velocidad y el ritmo con que se maneja la información, y que la cibernética tiene el suyo, particular.

Se denomina “ruido” a un comportamiento que escape del control, manteniéndose indiferente al sistema, y que, por consiguiente, no puede ser tratado por una máquina binaria, reducido a un 0 o a un 1. Estos ruidos son las líneas de fuga, la errancias de los deseos que no han entrado todavía en el circuito de valorización, lo no-inscrito. (Tiqqun, 2015)

Como podemos ver, por un lado, la propuesta de Parikka es extender la dimensión del estudio de los medios así como reconsiderar el significado del término: “medios”. Apuesta por atender a las materialidades de los mismos para redimensionar su implicación política. Además, matiza la importancia de reflexionar sobre las técnicas culturales y su mecanización como formadoras de la conciencia. En este sentido, no podemos hablar de una deshumanización de los medios, toda vez, que según este camino reflexivo, formamos parte de la máquina.

En este sentido, Tiqqun, en ánimos de destruir la Hipótesis Cibernética, apuesta por el ruido como posibilidad de reconstruir un sistema de desigualdad, desde la perspectiva de la forma de gobernanza cibernética.

By | 2018-04-22T05:30:26+00:00 marzo 22nd, 2018|Blog|0 Comments